“Vimos al bebé, no el síndrome de down”: se enteraron de la historia de Ian por el diario y decidieron adoptarlo

Gabriel y Silvana se casaron en 2003 y soñaban con ser papás. Hicieron tratamientos de fertilización, pero no funcionaron. En 2014 les otorgaron la guarda del nene al que semanas después le diagnosticaron una leucemia. Siete años después de haber superado la enfermedad, cuentan cómo el amor les cambió la vida


Silvana y Gabriel están casados desde hace 18 años. Durante más de una década intentaron tener un hijo e hicieron tratamientos de fertilidad que no dieron resultado, entonces decidieron anotarse en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA). “En abril de 2012 llega un pedido a nivel nacional de adopción de un nene de siete años con síndrome de down en la Provincia de Buenos Aires y nos anotamos. Al poco tiempo, publicaron en los diarios de Rosario, donde vivimos, el caso de Ian y decidimos ir a conocerlo“, cuenta Silvana a TN.com.ar.
A la semana les avisaron del juzgado que habían sido seleccionados entre un montón de familias. Conocieron a la asistente social y el 8 de mayo de 2012 la jueza les confirmó que habían sido elegidos para la adopción de Ian. “Llegamos al centro donde estaba internado pensando que íbamos a llevarlo a casa y nos informan que había nacido con bajo de peso. A los dos o tres días le detectaron un tipo de leucemia. Hubo que hacerle quimio. Fue un momento muy duro porque de pensar en llevárnoslo a casa, pasamos a no saber si iba a salir vivo. Estuvimos dos meses acompañándolo en el tratamiento hasta que se recuperó”, explica Gabriel.
Fueron días de mucha angustia, ellos recién lo conocían a Ian y llegaban cada día a horario para acompañarlo mientras atravesaba el tratamiento.”El diagnóstico fue leucemia y pesaba dos kilos. Era llegar al lugar, meter las manos en la incubadora, agarrarlo para que sintiera que estábamos con él y ahí lo atendían. El dolor que sentía era el mismo que si lo hubiera llevado nueve meses en la panza“, recuerda la mamá.
Mientras tanto, les otorgaron la guarda provisoria. En julio, después de dos meses finalmente Ian conoció su casa. En 2014 les dieron la adopción plena y en octubre de ese año ya tenía el apellido de ellos.
Todo de a poco empezó a salir como lo habían soñado. “La decisión de adoptar un hijo con síndrome de Down, fue algo que hicimos de corazón. Nosotros vimos al bebé que necesitaba amor, nunca pensamos en la patología ni en lo que vendría después. Cuando llegamos a casa, empezó la aventura. Fue saliendo adelante, cada vez más, hasta que llegó el momento de llevarlo al jardín. Decidí quedarme en casa dos años y después, retomé mi trabajo y él empezó el jardín”.
Ian tuvo una muy buena experiencia en la primera salita a la que fue y hace tres años va a un jardín a tres cuadras de la casa. “Conocimos a un grupo de personas excelentes que nos ayudó con su escolaridad. Este año pasó a sala de cinco. Su maestra especial lo acompaña y es un desafío día a día. Él habla muy poco y hace un año y medio que dejó los pañales, pero nada fue imposible. Cuando le cuento la historia a las mamás se emocionan, pero la responsabilidad que tomé es la misma que hubiera asumido con cualquier otro chico. Luchamos para que salga adelante, todos los días es una fiesta porque es todos los días un logro y lo festejamos”.

El amor multiplicado

Para los papás de Ian la ecuación es clara: “Él nos da más de lo que nosotros esperábamos. Cuando decidimos la adopción de un nene con discapacidad no pensamos en nada. Su entrega es infinita y como cualquier chico tiene sus cosas, pero es un nene dulce, bueno. Nosotros ya nos olvidamos de todo lo que pasó antes. Vivimos el día a día con él y lo disfrutamos los tres. No hay manera de comparar lo que él nos da a nosotros”.

“La decisión de adoptar tiene que salir del corazón, tenés que tener ganas de que ese ser llegue a tu vida y recibirlo. Hay muchos chicos con discapacidad que quieren y merecen ser adoptados. No es fácil, a veces es desgastante pero es totalmente fructífero. Los chicos están esperando una familia y necesitan ese amor para poder crecer felices”.

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